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Las Nereidas, voces que cuidan la tierra

(foto: Melania Sevilla)

Héctor Julián (Mayo, 2026)

El proyecto musical de Yolotlpatli Piña y Natalia Lara me lo topé como los descubrimientos que se quedan en la memoria viviendo sin pagar renta: fortuitamente. Estaba yo pidiendo café en un lugar del centro de Cuernavaca, cuando las vi entrar al sitio. Cargaban un montón de bártulos, como si estuvieran mudándose. No las había visto desde la graduación de nuestras respectivas licenciaturas del Centro Morelense de las Artes en 2022. En el momento del reencuentro, después de los abrazos, me dijeron que estaban ahí para tocar y cantar. Pregunté a qué hora empezaban y prometí regresar a oírlas.

Unas pocas horas más tarde habían llenado el espacio con sonidos que se parecían a un bosque vibrante de viento y ave.

Su proyecto se llama Las Nereidas. El nombre remite a las descendientes de Océano y Mar: una conjugación que demanda poesía para enunciarse.

Las letras de la música de Yolo y Natalia están llenas de versos, conjuros, dilemas, exigencias. Quien escucha está ante preocupaciones representadas con ecoestética sonora. Preguntas pertinentes de ¿cómo cuidar a la Tierra? (así en mayúsculas) y ¿cómo responsabilizarse de nuestro paso en el territorio que compartimos con más especies? se reiteran en una combinación equilibrada, poderosa de spoken word y canto:

Hay veces que la voz se rompe y atraviesa pechos despostillados

dice Natalia en Aves. ¿Cómo es esa voz? No es una que vaya sola: va entrecruzándose en una trayectoria helicoidal, ascendente junto a la voz de Yolo, revelándonos un territorio en pugna, que necesita de atención y cuidado.

Árboles de las mañanas, de las tardes, de laureles, guayacanes y aguacates.

Defiendo…

dice Yolo en Guardianas de la tierra.

La segunda vez que pude escuchar un concierto de Las Nereidas fue en una Feria del Libro en el zócalo de Cuernavaca. Ahí tuve la sensación de que las voces de Yolo y Natalia también cobijan a las personas que escuchan. Como un bosque, el bosque metido en un monte, el monte cuidando su agua y su tierra, el agua y la tierra reverberando con las variaciones de su vida, de sus voces.

Pienso en el trabajo creativo que están haciendo actualmente para producir su disco. Pienso en la extensión de sus temas, de sus preocupaciones, de su ecoestética, de sus cuidados, entre ellas y con el territorio que habitan.

Espero como una promesa mi tercer encuentro con su música en vivo.

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